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El pilar fundamental de un streamer

¿Cuál es el motor para convertirse en influencer?

Cuando vemos por primera vez la lista de canales de una plataforma como twitch.tv —recordad que siempre intentaré hablar de esta plataforma ya que es la que más controlo y la que más he utilizado— nos invade una sensación de sorpresa que se intensifica conforme descubrimos la cantidad de «influencers» que existen a día de hoy en la adquirida por Amazon. Entendemos, hay que remarcar, influencer como cualquier individuo que posee cierto nivel de influencia sobre una masa de usuarios a la que catalogamos como «comunidad». Hasta ahí es fácil. Luego leemos artículos que nos dicen lo rentable del negocio de ser influencer y claro… brillan los ojos. Si ellos pueden ¿por qué nosotros no?

La verdad es que esa pregunta no tiene una respuesta sencilla, la cantidad de trabajo que se tiene que realizar para conseguir un público fuerte en Twitch es complicada, la exigencia, disciplina, dedicación (y, sobre todo, habilidad para entretener) es significativamente alta y, por norma general, poco satisfactoria o rentable. Aún así, para los valientes que desean pasar por ese grinding para convertirse en streamers de éxito, voy a intentar dar algunos consejos sobre, a título personal, lo que considero es el pilar fundamental en la trayectoria de todo individuo que basa sus ingresos en la aceptación de un público segmentado: la comunidad.

Lo primero y más importante es bastante evidente: dejar que el grupo nunca sea guiado por Gimli y hacerle mucho caso a Gandalf cuando quiere evitar caminos como el de Moria. Una vez que ya hemos sorteado las ingeniosas ideas del enano ya podemos centrarnos en nuestro verdadero objetivo: (destruir el anil-) crear una verdadera comunidad. Hoy no vengo a contaros cual es la mejor manera de elegir un nicho sobre el cual construir vuestro trabajo, hoy voy a hablar sobre hasta qué punto puede llegar a convertirse la comunidad en el soporte principal del trabajo de un influencer y por qué. No quiero tampoco daros la lata con «la tercera ola» ni quiero citar a Alvin Toffler para invocar la existencia del rol de prosumers dentro de la sociedad virtual, aunque sí que es verdad que el éxito de los influencers está en gran parte ligado a la existencia de este tipo de usuario… Centrarnos en la comunidad implica precisamente eso: centrarnos en la comunidad.

La comunidad, según su cuarta acepción en la RAE, se define como un conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes. En este caso particular, ese interés común es el influencer que da nacimiento a dicha comunidad. Es decir, para no liarnos: la comunidad nace como resultado del interés creciente en un influencer que a su vez se denomina influencer gracias a su comunidad. La simbiosis es muy clara y por eso lo considero el motor de que todo funcione.

Sé que dije que no quería citar a Toffler ni a «la tercera ola» pero es importante remarcar el impacto de las redes sociales sobre todo este tema. En cierta medida, todos los usuarios de internet que utilizamos las redes sociales somos innegablemente prosumers. Para el que no lo sepa, un prosumer es un productor y consumidor al mismo tiempo, que utiliza vías de comunicación con otros usuarios para crear un contenido basado en el contenido que consume. Más fácil: si tú alguna vez has puesto un tweet con un meme citando a tu influencer favorito y has dictaminado una opinión positiva/negativa sobre el mismo… ¡Enhorabuena! Eres un prosumer. Tú has creado un contenido que, en este caso, es un mensaje público que advierte o guía a otros consumidores sobre una marca (influencer en esta situación).

¿Qué determina entonces el éxito de un nuevo streamer? El efecto prosumer positivo. La comunidad se nutre de tu interés por ella: acciones como crear un Discord, trabajar el contenido con la mayor calidad posible, preparar tus streams, interactuar continuamente con el chat o sencillamente dar «me gusta» a las publicaciones en redes sociales son acciones que determinarán un sentimiento sobre ti. Este sentimiento puede ser positivo, negativo o neutro y, de forma extremista (tanto positivo como negativo), acabas consiguiendo que tu marca se extienda casi tan rápido como un vídeo de gatitos adorables. Mucha gente conoce este efecto bajo el enunciado de «boca a boca», porque no deja de ser al final el intercambio de opiniones sobre un interés común (en este caso el contenido digital en forma de vídeo) que realizan dos usuarios de internet en forma de recomendación.

En cierta medida y sin adentrarnos en las posiciones de los fansumers (que tras un baile de fusión fue el resultante del fenómeno fan y de la facilidad de comunicación entre prosumidores) que defenderán a su comunidad y a su influencer pase lo que pase y bajo cualquier circunstancia, lo que está claro es que construir una comunidad sana y estructurada es la meta principal de todo nuevo streamer y por eso puedo recomendar unas cuantas estrategias para conseguirlo:

    • Discord: El freeware de VoIP ha ganado un peso significativo en los últimos meses. La capacidad de configurar servidores de voz con la fiabilidad de TeamSpeak y la utilidad de crear canales de chat y conferencias de voz como en Skype, le dan un valor añadido que puede vincularse a cualquier canal de Twitch sin demasiadas dificultades. Además, permite configurar roles para crear contenido específico para suscriptores, seguidores o para la comunidad general. Tener un servidor de Discord permitirá al streamer estar en contacto con su fanbase incluso fuera de su horario de streaming, lo que generará la sensación de que realmente forma parte de la comunidad.
    • Streamlabs: Esta plataforma pionera en el soporte para streamers ideó una estrategia para reaccionar a una API de Twitch y darnos en pantalla un gif vinculado a las acciones que ocurren (nuevo seguidor, donación, suscripción, etc…) permitiendo así a los espectadores formar parte de la emisión. Es interesante interactuar todo lo posible con la audiencia y esta es una manera de integrarla dentro del contenido, invocando un poco a la temática hablada en mi publicación sobre el streaming 2.0.
    • Diálogo: No, el diálogo no es ninguna aplicación espectacular, es simplemente una estrategia bastante básica: Twitch aporta al streamer la posibilidad de tener un chat en directo con sus espectadores. Es importante mantener una comunicación fluida con ellos para reforzar la sensación de grupo y atención y, sobre todo, es fundamental de cara a potenciar la sensación del espectador de formar parte de algo.
    • Ser tú mismo: Aunque parece el más normal, este es probablemente el consejo más complicado. Es muy fácil caer en el tópico de intentar ser lo que no se es para entretener a los espectadores y generar mayor interés en el público, pero… la carrera para convertirse en influencer implica muchísimas, muchísimas horas de emisión en la plataforma. Mantener una imagen irreal es casi una locura que, al final, significará un desgaste que hará que te acabes rindiendo.

Realmente, con esos cuatro puntos deberías ser capaz de comenzar a crear una comunidad de forma bastante concisa, pero recuerda que todo este proceso no es cosa de una tarde.

Internet se ha convertido en una tela metálica donde cada fragmento hexagonal no es otra cosa que una comunidad. Las hay más grandes y más pequeñas, pero no puedes olvidar que, para poder convertirse en un verdadero influencer, tiene que haber una masa de usuarios sobre la que influenciar y, esa masa, es tu comunidad.

Cuídala y deja que te cuide de igual forma.

 

Cómo llegar a ser jugador profesional

El mercado laboral en el sector de los esports está creciendo a pasos de gigante, los jugadores profesionales cada vez obtienen mejores condiciones, y salarios. La entrada de grandes marcas a las líneas de financiación de los clubs ha obligado a estos a mirar cada vez con más cuidado a qué tipo de jugadores incorporar a sus plantillas.

Atrás quedó la época en la que poco importaba la imagen como jugador, donde las redes sociales era una extensión de los chats “ingame”, donde todo era válido y no tenía repercusión alguna de cara a ojeadores y managers, hoy los clubs buscan jugadores franquicia, gente en la que poder confiar de cara a la representación de marcas, y eso es lo que dibuja en muchas ocasiones la fina línea entre ser jugador profesional o seguir compitiendo sin el soporte de una organización.

Pero, entonces ¿cuidar la imagen en redes y ser bueno en un juego es todo lo que necesito para ser profesional?. Desde luego que no, existen multitud de factores a tener en cuenta de cara a dedicarse a la competición.

PROFESIONALIDAD

Cuando una persona adquiere la connotación de profesional se sobreentiende que está desempeñando una función para la cual está capacitado, para una empresa o cliente, por la cual se le está remunerando económicamente.

En el caso de un jugador profesional estas funciones se ven atadas a las cláusulas que acuerde con el club, aunque las obligaciones generales son bastante claras, cumplir objetivos deportivos, cumplir las normativas de las competiciones y mantener tanto la imagen del club como la suya propia impoluta.

Esto hace que el horario laboral de un jugador profesional pueda llegar a ser muy inestable, teniendo que adaptar su horario al de los clasificatorios, viajes a competiciones presenciales, sesiones fotográficas etc…

TRABAJO

Conocer al detalle todos los secretos de un juego, entrenar para mejorar y estudiar a los rivales no es tarea fácil, por lo que cada día los jugadores profesionales dedican horas a estos aspectos que con la práctica los hacen poseedores de las aptitudes necesarias para rendir en su trabajo al máximo nivel posible.

CONDUCTA DEPORTIVA Y JUEGO LIMPIO

Todo jugador profesional debe mantener unos códigos de conducta adecuados de cara a el buen desarrollo de sus actividades. Se han dado casos en los que a raíz de un mal comportamiento o conducta antideportiva por parte de un jugador, el club ha sido sancionado por parte de la competición, llegando incluso a ser expulsados de la misma.

Esto se traduce rápidamente en pérdida de patrocinadores, por lo que ningún equipo desea incorporar a su plantilla jugadores conflictivos.

PASIÓN Y PROGRESO

Aún teniendo todos los requisitos ya mencionados, nada te asegura llegar a ser jugador profesional, se trata de un sector muy competitivo, en el que muy pocas personas llegan a tener siquiera la oportunidad de competir al más alto nivel.

Para empezar hay que tener una gran dedicación al juego y una línea de progreso ascendente continua, si no es algo que te guste de verdad nunca podrás alcanzar un nivel suficientemente alto como para destacar, lo mejor es empezar compitiendo en las ligas abiertas y amateur para darse a conocer, es ahí donde se gestan los nuevos talentos y de donde los equipos más humildes suelen beber de cara a formar nuevas secciones en sus clubs.

JUEGO LIMPIO

El trabajo en equipo y la autocrítica son dos factores fundamentales en la carrera de un jugador profesional en esports, al igual que lo es en cualquier puesto de trabajo. Sin ellos no hay opción posible a mejora, lo que hace que sin esto y sobre todo teniendo en cuenta que son jugadores jóvenes se frustren y acaben bajando su rendimiento.

En resumen, llegar a estar entre los mejores jugadores es una carrera de fondo sin descanso, en la que se debe tener un autocontrol y disciplina férreas para mantener un rendimiento constante, una de las frases que se debería grabar en la mente de todo aquél que desea ser jugador profesional sería “trabaja en silencio y deja que tu éxito haga el ruido”. Y es que, no hay mejor manera que ser profesional para que te den la oportunidad de demostrarlo.

Streaming 2.0

Cuando miramos hacia atrás y recordamos los inicios del streaming de videojuegos, es difícil no acordarse de las primeras luchas con Livestream (que, por cierto, ahora es propiedad de Vimeo) y no recordar la batalla que suponía buscar una calidad de emisión «medio» decente con aquellas conexiones que –solo algunos afortunados– conseguían contratar.

 

Antes, el objetivo era emitir en la mejor calidad posible: estética, de resolución, de nivel de juego, etc. Entendíamos que, para conseguir que la audiencia (¿20? viewers en su mejor caso) se fijara en nosotros, teníamos que ser los mejores… porque sino, ¿por qué iban a vernos?

 

YouTube se enfocaba principalmente en vídeos graciosos y gameplays básicos, mientras que Livestream empezaba a tener contenido de videojuegos más «profesional», entendiendo esto último como un nivel de juego más alto.

 

La audiencia empezó a crecer conforme el interés por el streaming de los jugadores de videojuegos se palpaba en el ambiente y eso supuso quebraderos de cabeza para muchos de los streamers del momento, debido a los cambios tan drásticos y continuos que fueron sucediendo. Llegaron Justin.TV, own3d.tv, XSplit (¡la beta era gratis!)… más tarde llegó OBS y, además, Justin.TV se convertía en Twitch al mismo tiempo que aparecía Azubu y varias plataformas más. Un frenesí.

 

El streaming en videojuegos fue un exitazo y esto se debió principalmente al auge combinado de las redes sociales –entendamos que estas últimas han ganado un peso inmenso cuando se trata de los millennials y generaciones posteriores–. Las redes sociales nos ofrecen la posibilidad de conocer, contactar y conectarnos con personas con las que nos alineamos en diferentes aspectos sociales: sea porque congeniamos bien, porque pensamos igual o porque asumimos a dicha persona/entidad como referente. Al final, hemos convertido la socialización virtual en algo entretenido o que busca entretener (yo podría perder horas haciendo scroll en Twitter) y, en ese punto, es donde brilla, por ejemplo, Twitch.

 

Dejo claro que usaré a Twitch como referencia para esto debido a que es la que más consumo, más utilizo y en la que más experiencia tengo pero, básicamente, plataformas como YouTube Gaming, Mixer o Caffeine (incluso Facebook tiene su propia herramienta de streaming) son alternativas razonables.

 

Twitch ha llevado al siguiente nivel el diálogo que nació con el concepto de YouTube: personas normales, haciendo cosas que otras personas también hacemos y que nos termina enganchando por la cercanía y la posibilidad de diálogo.

 

Ya se hablaba de que el nuevo fenómeno fan estaba muy ligado a la confianza que se generaba sobre los nuevos influencers de estas plataformas, en el que un formato directo fomentaba la sensación de comunicación al mismo nivel. Ese youtuber, además de ser tu referente, era algo más íntimo y más cercano (por el efecto y la sensación de que te estaba hablando a ti, cara a cara).

¿Por qué streaming en lugar de video on demand (VOD)? Sencillo: en el streaming existe un diálogo real y directo entre el interlocutor y el receptor, la posibilidad de que el streamer conteste a sus espectadores en tiempo real, creando una interacción real y directa sobre el contenido, hace que el streaming aporte al espectador la posibilidad de ser parte del propio producto que consume. Ya no solo existe ese servicio de contenido que nos hace ilusión ver (series, vídeos musicales, películas, etc.), ahora existe un tipo de contenido más cercano, en el que podemos interactuar de forma real, guiado por una persona de carne y hueso con la que podemos sentirnos identificados o crear un vínculo afectivo y, para colmo, está en el mismo nivel de comunicación que nosotros, nos lee, nos presta atención y nos considera parte de la fórmula que le da el éxito. Dicho de otra manera, nos hace sentir importantes para esa persona; ya no es un vínculo frío entre el televisor y nosotros, ya no hay una barrera entre el contenido y consumidor: eso es el streaming.

 

Y, bueno, Amazon compró Twitch. Ese fue el momento en el que todas las previsiones se cumplieron y se aceptó a nivel internacional que el streaming es un hecho, es algo que está calando hondo y que no para de crecer.

 

Así que ahora, después de todo este batiburrillo en forma de contexto, llegamos al quid de la cuestión: Elvis Presley sigue vivo y te observa.

 

No, ahora en serio: streaming 2.0.

 

La razón por la que he decidido abordar esto bajo ese enunciado es porque no podemos comparar el streaming que narraba al principio de este texto y el actual y, la culpa de esto, la tiene el marketing, concretamente, el 2.0 –y de ahí el nombre–.

 

El streaming ha evolucionado principalmente en la interacción y la inclusión del usuario objetivo, de la misma manera que ha evolucionado el marketing digital al bajar la línea de la comunicación al mismo nivel gracias a las redes sociales. En los últimos años, han aparecido muchas aplicaciones que aportan utilidad a los streamings (Streamloots recientemente) que permiten interactuar directamente con la información del canal en tiempo real durante la emisión.

 

Por ejemplo: antes, cuando un seguidor pulsaba el botón de Seguir del canal, lo sabías al analizar la emisión. Estabas obligado –en cierta medida– a recordar a la gente que siguiera el canal, tú eras la herramienta que ayudaba a que eso ocurriera y, ahora, seguir a un canal implica que, por ejemplo, aparezca un gif gracioso en la pantalla del streaming, tu nombre y una mención casi instantánea por parte del streamer. Lo mismo ocurre con las suscripciones (aunque, siendo realistas, antes, ni siquiera existían. Ahora puedes hacer una suscripción al canal del emisor, obteniendo ciertos beneficios directos tanto en el canal como en la plataforma –como iconos exclusivos que puedes utilizar en todo Twitch–).

 

Todos estos añadidos han creado un nuevo sistema de interacción con la emisión, permitiéndonos aparecer y formar parte de la misma, ya no solo en el canal de chat donde nos comunicamos con otros espectadores en tiempo real (social media ejem), sino también  en el propio contenido que estamos observando. Tenemos, pues, una visión más directa sobre nuestro apoyo a la persona que está poniéndose a disposición de los espectadores para entretenerles.

 

Ya no es viable crecer sin la idea de crear una comunidad a tu alrededor: antes se usaban las páginas web personales o RRSS paralelas a la emisión; ahora, la comunidad forma parte de la propia emisión del contenido, está presente y hace que, en cierta forma, el streaming se convierta en algo en lo que tu también has trabajado: su éxito, es tu éxito, o al menos, su éxito es, en cierta medida, gracias a tu apoyo.

 

Las emociones han ganado la batalla del contenido, la interacción prima sobre la calidad de la emisión, el diálogo determina el éxito gracias a la contribución de los espectadores que comparten formando parte del mismo. El streaming ya no es un flujo de contenido que entretiene al espectador, es un canal de comunicación entre el emisor y el receptor que ha dejado de ser lejano y frío y ahora es cercano y, muchas veces, íntimo.

 

El streaming 2.0 es el inicio de algo mucho más grande de lo que la gente cree, la comunicación ha cambiado muchísimo en la última década y ya no es solo responsabilidad de los emisores mantener un mensaje limpio y claro que permita la expansión del formato; ahora recae la responsabilidad sobre los espectadores, porque ahora, los espectadores tienen más poder que nunca y, como dijo el tío Ben: «Peter, un gran poder conlleva una gran responsabilidad».

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